
El alcohol no me ayudó mucho la primera vez que nos vimos. Aquélla noche no entendía muy bien lo que ocurría, lo que escuchaba, a decir verdad estaba francamente idiotizado en mis mismos pensamientos. una barranca de emociones que me ordenaba saltar y deshacerme de todas mis vidas anteriores. y la primera vez que te tuve entre mis horas, corrimos en medio de una ciudad lluviosa imbuídos en las meditaciones inmediatas de lo que haríamos después de un café obsoleto. En aquélla ocasión me llovió en la conciencia, y entendí que el amor llega de muchas formas a golpear los cuerpos. Llega desde una simple palabra, llega también desde una cita pactada, o también puede llegar acompañado del ansia de no seguir solo. Ahora mismo que escribo esto, estoy pensando que fué lo que más disfruté de ésta época, de estos meses en los que todas mis cosas inoportunas y todos mis berrinches fueron aceptados y comprendidos. Solo me queda pensar. pensar.
El sueño aveces me ayuda a olvidar, el alcohol no me ayuda más, sino que me hace forzarme a recordar que ahora no tengo ninguna fotografía en mi billetera a la cual ver a cada rato, ya no hay nadie allí. Cada persona que conocí me dejó un elemento valioso, una valoración inmediata de haber vivido y compartido momentos de satisfacción, la costumbre aveces nos obligó a menospreciarlos, pero como dice el refrán, ahora que está perdido es cuando más se añora.
Es difícil regresar al estado anímico anterior a una relación que fué tan buena, es como si después del truene faltara algo, es como si no se pudiera respirar completamente, vivir a medias, vivir con el ansia terrible de recibir una llamada con las palabras en la boca, que siempre quisimos escuchar, - regresa conmigo-
Pero también es cierto que en épocas de animos caídos tambien resplandece la visión de el mundo verdadero, aquél mundo en el que estamos rodando en medio del manchón cósmico. de lo pequeños que somos cuando se ha perdido la otra mitad de nuestro cuerpo, cuando hemos sido separados de nuestra otra mitad. quedamos acéfalos y sin sentido de pertenecia. ahora sólo pertenezco a mí y a la tierra rodante.
Y lo que es peor. no se acepta la actual condición.
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