El deseo aprisiona, exaspera, vierte fluídos intoxicantes en las púpilas dilatadas. El metal corre, se esconde, escarba sobre la superficie de su cama, intentando escapar de los fuegos artificiales que se prenden solos, se cubre la razón con un terciopelo negro. Se militariza, ruega por armas de gran destrucción, y se convierte en kamikaze de sus propios deseos. Pierde su sentido común en esta resurreción, tira golpes al vacío y no logra evadir la guerra. Los convenios diplomáticos resultan absurdos, y los cilindros de latex brotan de las billeteras. El silencio es el detonante: la gota que derrama el vaso. Melodías extrañas resbalan sobre los oídos enrojecidos, enriquecidos y vencidos por una mínima fuerza descomunal; se han dejado vencer, las estrategias no funcionan, el fuego cruzado ha iniciado y el botón del "play" se ha oprimido automáticamente. El deseo, el deseo y sus planes maléficos de mandarme al infierno y sin escalas funcionó. solo pude tomar como equipaje mis constelaciones celestes, y un pensamiento insano conmigo: al final.. ¿quién fué el vencedor, y quién el vencido?
ahhhhh que cosas no?
ResponderBorrarno no no!!! lo perdemoooooooooooossssssssssssssssssssss!!!!!!!!!! resistaaaaaaaa!!!!!!
ResponderBorrarjajajajaja
en verdad que hacen falta unos drinks no?????
le dejo mi msn... ahí cuando guste sr. pásela re bonito...
adieu
nowakir@hotmail.com
woooo... me gustó, me gustó mucho. 1Besito
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