27 de noviembre de 2010

Emoción indigna

Viajar corriendo sin rumbo. Me atraían las calles, embarcándome en un viaje con retorno inseguro y emoción implacable.. frasquitos de colores y caballos enfurecidos se esparcian en las esquinas, en donde al doblar la cuadra encontraba la solución a mis problemas: el olvido.

Después de pagar el boleto de ida, me gustaba ir contemplando las calles, en donde había un ambiente fantástico: un acordeón de sentimientos me brotó de repente del pecho, tosí fuertemente y la luz se apagó, el momento se acabaría pronto.

Ví la noche. Chispeantes figuras desconocidas para disfrutar mientras la propia razón trata de resistirse a descifrar que son, me acuerdo haber detenido el viaje y escuchar con atención las enseñanzas de la penumbra: en ésa noche empecé a ser raro, en la noche en la que se me descarriló la conciencia. Turbado cerré los ojos fuertemente, ví hacia atrás y me produjo placer instantáneo la huída: he dejado muchas cosas atrás.

No quise abrir los ojos y aunque hubiera querido, no se podía, eran dos inmensidades contra un pequeño círculo de intenciones, encontré el punto exacto en el que vuelas por el mundo y no te concentras en lo que hay, en lo que se te ha dicho que hay. Mi Alma Mater es la noche, en donde surgió en mi persona la arqueología celular.

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