12 de febrero de 2012

Adivina de donde viene la calle al pasar.

En el estado actual, al caminar sobre las calles que ya no se reconocen entiendo sinceramente lo que antes no se veía: las calles tienen estilo propio, un boleto que se compra y que se tiene que usar a la brevedad, manteniendo el ritmo imperfecto de lo que se tiene que transitar para poder llegar a la siguiente calle, húmeda y titubeante. La calle se desvaneció, corriendo entre los aullidos de un alma en pena con los atardeceres ya superados de las indelebles huellas del tránsito matutino. Se puede pasar de un estado bifurcado a otro. Se puede no razonar el siguiente encuentro con el camino a recorrer, algunas veces hay tiempo para deducir cual convendría más, pero en ocasiones llanamente se cae en el camino que no se desea. Es un instante en el que al doblar la esquina en un acto mágico de origami municipal se descubre la forma y modo de lo que se recorre. Ilusión, dejar de caminar para luego volar, y entrar en sacrosanta voluntad.

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