10 de abril de 2005

El arte perdido de guardar un secreto

La vida, estas ansias incontenibles de seguir enamorado, de seguir ensimismado en este plano artificial que deslumbra a todo aquél que lo conoce. Los edificios regularmente son buenos escondites, edificios mentales, quiero decir; sin elevadores. todo debe causar cansancio: hasta subir a la cima de este edificio, y gritar en la cima del crepúsculo copular algún nombre... de preferencia el nombre que salga primero, el que sea el exacto: el preciso.

yo acostumbro subir con altavoz: chin! pero siempre grito el nombre incorrecto. cual será el correcto?
En el lobby, no me paro a revisar quienes estan inscritos en la pared, con letras manchadas de forma indeleble. quizás este sea mi error, no detenerme a meditar por quien diablos estoy subiendo hasta la cima. siempre estoy forzado a una veloz carrera, sin percatarme siquiera de por qué diablos estoy subiendo.

quizás sean estas ganas de siempre estar arriba. de sólo estar, solo.

me gusta subir, subirte, hacia arriba. haciendo mios todos los escalones pisados, sin agarrarme del pasamanos: actuando como acróbata domésticado.

prometo para la siguente vez que te suba, gritar tu nombre. y si no me sé tu nombre, haré lo que a últimas fechas acostumbro hacer: gritaré el mio.

1 comentario:

  1. Y luego llego el hada de los dientes y te dio un sape por presionar a los demas....ya vez? te ahorre el psicoanalista.

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