16 de abril de 2005

El autobús circular, espejismos dilatados

El asiento era incómodo, al igual que la hora... no sabía, (como regularmente pasa) porqué estaba ahí. No había condescendencia para nadie, las luces apagadas, los motores rugientes, y los pensamientos internos inhabilitadores...

poca precisión, mucha confusión... nadie me indicó que ya estábamos llegando, junto con los rayos primeros del sol, a nuestro destino, en conjunto.

Esta tierra ya la conocía, pero cada vez que llego aquí la veo distinta, diferente, siempre encuentro algo nuevo, y siempre le falta una cosa...

Las sensaciones se perturban, el corazón se agita, recuerda que sabe amar, y que, a unos cuantos metros, está eso que tanto se añora y se desea.

¿es difícil amar?
No, cuando se está preparado para ello, cuando no existe preparación ni deseo de hacerlo es un sentimiento vulgar, como cualquier otro.

Los árboles me vieron llegar, las ventanas amplias cambiaron de color, los faroles se incendiaron, y mi corazón dio un triple salto mortal fuera de mí.

detente, pedazo de carne hipervalorado. no tienes derecho a salir de mí. no tienes derecho.
la tierra recibió mi corazón en sus entrañas. y alguién más vió como se sembró.

yo no sé cultivar nada. y no creo hacer retoñar aquél pedazo de rebeldía que ha caído fuera de mí.

espero lo coseche alguien, para que me permita seguir anclado, con frutos, en esta tierra circular.

2 comentarios:

  1. Hola cesar aqui de nuevo con nueva direccion entrele compadre! es suchaca.blogspot.com

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  2. saludines, aunque nunca mas me llamaste durante tu estancia en mexico. sniiif!

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