Entendí que podía cuidar de tus luciernagas con solo guardarlas en mis bolsillos.
Nunca había tenido tanto frío.. un frío mental, frío de tus suaves contactos que aún en esa noche incandescente no podía comprar con la más cara de mis sonrisas. Me levanté después de leer tumbado en una esquina de la obscura terminal, y caminé hacia el centro comercial:
- ¿ me dá un café, por favor ? -
Faltaban dos horas para que el carruaje colectivo me levantara y me llevara a otra indistinta ubicación. Mientras tanto, el infierno propio amenazaba con consumirme desde dentro hasta que la conciencia me pidiera desvanecerme al estilo art decó. Alguien accidentalmente tropezó conmigo y después de preguntarme la hora sugirió un breve encuentro sexual. Vaya torpeza!
Ofrecerle a uno algo que tiene en abundancia.. Es como querer venderle cubos de hielo a un esquimal.
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¡Yo sabía que era de día! aún cuando todos corrieron asustados a sus casas.
Cuando regresé, me dí cuenta de lo obvio: había dejado el radio encendido. No pude moverme de ahí después de llegar. Las caras empezaron a hacerse desconocidas y mi ilusión por llegar temprano se desvanecieron en esa cilíndrica ciudad. ¡ Maldito radio: te odio !
Regularmente cuando estoy en una situación que no puedo controlar, suceden (siempre) dos cosas que nunca fallan: me cae una basura en el ojo izquierdo, dejándome impedido para ver con mi octavo sentido, y surge una idiosincracia propia: la tamarindomanía (que consiste en empezar a buscarme en las bolsas para ver si traigo un tamaroca, pulparindo, pelón o de perdis una bola de delicioso tamarindo aguardientoso).
Esa noche, debido a la ingratitud de un buen samaritano/taxista me quedé sin varo a cambio de la recargada de batería del auto. Snif. La ciudad es bella de noche. o lo que es lo mismo: después de las 2 am no existe la gente fea.
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Las mentiras son tu mejor compañia a la hora del super
Cuando empezó la canción, no sabía si salir corriendo a la calle lluviosa o subir al podio y cantar en arameo.. Todo sucedió tan rápido: en un segundo me serví un ascodelicioso vodka y al siguiente estaba cantando "tú y yo somos uno mismo" en ese karaoke del que siempre nos corren por querer acaparar nustros cinco minutos de fama ante los demás borracho/sinfónicos..
Y tú no llegabas, y no podía escuchar el timbre del celular por el ruido tan alto que se desprendía de las gargantas amoratadas de las prostitutas que chambeaban en el piso superior.. No es que sea una persona muy espiritual y de pronto crea en aquéllas llamadas comunicaciones espirituales para llamarte con solo pensarlo, de hecho, y en efecto, no lo soy, más bien es el coraje y la ira que resulta de tu impuntualidad con la que te burlas de las pobres horas. Al día siguiente manejando compulsivamente el carrito de las compras (vacío, por supuesto, solo lo uso para presumir mi licencia de conducir) tropecé con alguien anterior. y todo se vovió un musical bjorkiano: incoherencias, mentiras y alguien colgando del cuello al final. suerte que el día anterior había practicado en el karaoke.. que si no...
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