las circunstancias te obligan a desaparecer por un berrinche.
Cuando emerge el silencio,
las muñecas diabólicas mueven sus ojos en parsimoniosa fijación.
Eres tú en el ático inferior quien se ve reflejado en el trapo reluciente.
Buscas la solución a las emociones;
la momentánea desaparición del ego circunvecino no funciona.
Malditas circunstancias que me dejan sobre el ataúd impersonal.
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